Típica mañana de oficina. Alguno empieza a tener hambre y hace un comentario, de la forma más inocente posible, buscando consenso.
“mmmm… tengo hambre, vamos a almorzar?”
Desde que el primero hizo un comentario, la oficina no vuelve a su estado natural hasta que todos almorzaron. Es una realidad.
Ese día de junio de 2008, en esas vueltas de la vida, decidimos ir a almorzar al Multiplaza en el auto de una compañera de trabajo, nacida, criada y educada en Panamá. La diferencia cultural existe. No sólo existe, sino que a veces es enorme!
La realidad es que ninguno de los 3 argentinos que íbamos en el auto estábamos preparados para lo que pasó. Veníamos disfrutando del viaje, eligiendo a qué restaurante ir, qué vamos a comer, disfrutando de un excelente día de Sol caribeño hasta que de golpe, la conductora local hizo una maniobra, se escuchó un “pum… pum” y el auto se sacudió feo, como si hubiéramos pisado algo… todo esto acompañado de un grito histérico:
“Chuchaaa, un policía muerto!!!”
Los tres contestamos con un grito peor: “Quéeee?????”
Se me vino el mundo encima, me imaginé en la cárcel llamando a mi mujer y a mis padres para explicarles que habíamos matado un oficial de policía.
Me di vuelta y me tranquilicé al ver el lomo de burro que pasamos por encima.
Le dije: “le dicen policía muerto al lomo de burro?”
Casi se infarta de la carcajada. Todavía me acuerdo de la risa diciendo “lomo de qué? jajajaj!! lomo de burro???? jajajaja!”. Por lo menos no matamos a nadie.
Típica mañana de oficina. Alguno empieza a tener hambre y hace un comentario, de la forma más inocente posible, buscando consenso.
“mmmm… tengo hambre, vamos a almorzar?”
Desde que el primero hizo un comentario, la oficina no vuelve a su estado natural hasta que todos almorzaron. Es una realidad.
Ese día de junio de 2008, en esas vueltas de la vida, decidimos ir a almorzar al Multiplaza en el auto de una compañera de trabajo, nacida, criada y educada en Panamá. La diferencia cultural existe. No sólo existe, sino que a veces es enorme!
La realidad es que ninguno de los 3 argentinos que íbamos en el auto estábamos preparados para lo que pasó. Veníamos disfrutando del viaje, eligiendo a qué restaurante ir, qué vamos a comer, disfrutando de un excelente día de Sol caribeño hasta que de golpe, la conductora local hizo una maniobra, se escuchó un “pum… pum” y el auto se sacudió feo, como si hubiéramos pisado algo… todo esto acompañado de un grito histérico:
“Chuchaaa, un policía muerto!!!”
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