Archive for March, 2009

PostHeaderIcon Descanso para el blog

El casamiento me parece la forma más linda de saber que la persona que elegiste está dispuesta a compartir tu vida con vos, y es la mejor forma de querer contarle al mundo entero que estás feliz por lo que estás haciendo.
Para muchos es ‘un simple papel’ que no cambia nada, pero cuántos no se animan a siquiera pensar en firmarlo?
Cuando tenés ganas de contárselo a todas las personas que te cruzás por la vida es porque estás convencido. Y qué lindo que es hacer cosas con ganas y estar seguro.
Ya varios habrán leído la historia de cómo empezó todo esto y ni yo lo puedo creer aún. Por eso, me voy a dedicar a convencerme de que todo esto es cierto y voy a darle descanso de un par de semanitas al blog. Volveré y seré millones (de anécdotas, eso espero). Saludos a todos.

PostHeaderIcon Oscar, monos y otras vainas

La panga es una pequeña lancha a motor para pesca, típica del Caribe. Estábamos en una, en el medio del silencio del Canal de Panamá y lo único que se escuchaba era “Quieto! Carajo, quedate quieto!”. El que hablaba era Fernando y el receptor del mensaje era un oscar (nada que ver con los premios) que no paraba de moverse en el piso de la panga. El castigo fue una patada, que repitió luego con una sardina que no podía ensartar en el anzuelo, con la diferencia de que la sardina quedó pulverizada ante lo rústico del movimiento.
El tema del anzuelo con la primer sardina me costó. Acostumbrado a pescar bagres y bogas con lombrices, el tema de clavarle el anzuelo a la primer sardina a través de los ojos no voy a negar que me dio un poco de cosa, hasta que el mismo hombre casi neandertal me gritó “Hacete hombre, carajo!”. ¿Será que este personaje quedó mal por ir a pescar sin dormir?
Nos levantamos temprano y llegamos a Gamboa cuando estaba saliendo el sol. Ir de un lado al otro del canal cerca de esos tremendos Panamax con una lanchita pedorra fue increíble.
La pesca en sí no fue lo que podríamos llamar “exitosa”. El conductor de la panga no paraba de sacar peces y nuestro amigo Ronald le decía “oye Javier, esta esquina está mala, eh?” y por enésima vez le pedía mudarnos de sitio.
A la vuelta nos llevaron a que viéramos los monos. En el camino vimos cocodrilos y cuando llegamos dijimos “hey! un mono allá!”. Cuando nos acercamos vimos muchos más y uno bajó a ver qué traíamos para comer. Le dimos unos snacks que teníamos, agarró uno con cada mano y se fue para arriba. Este debía ser el que controla la calidad de lo que entregan los turistas porque avisó y bajaron todos. Se colgaban de las ramas con la cola y llegaban a sacarnos la comida de la mano. En ese momento fue genial ver cómo, al tener ocupadas las manos con un snack en cada una, se los ponían en la boca y te miraban con cara de “dale, man, ya tengo la mano libre, dame otro carajo!”.
Cuando volvíamos al muelle pregunté “no les caerán mal las papas, no?”. La respuesta fue instantánea “a lo sumo tendrán un poco de sed”, jaja!
Pufff… lo más difícil de escribir esto no fue recordar lo que hicimos tan temprano, sino escribir todo sin mencionar el nombre del panameño que nos llevó.

ronald

De todas formas, la pasamos genial.
Gracias Ronald!

PostHeaderIcon Qué buen día te tocó!

Como bien dice Adrián Paenza en uno de sus libros “Matemática… estás ahí?”, lo más difícil de enseñar es lo que el alumno no se preguntó nunca. Si no se lo preguntó es porque no le interesa, entonces para que querrá la respuesta.
Es imposible no darle la razón con situaciones como la que viví.
La foto que acompaña el presente artículo, la saqué en mi último vuelo a Buenos Aires. Me alucina sacar esas fotos. El cielo no se acaba nunca y el planeta parece enorme cuando uno percibe esa pequeña curvatura en la línea del horizonte. Y uno se siente diminuto, sobre todo desde un avión a 10.000 metros de altura. Ahí es cuando uno se pone a pensar “¿quién me mandó a subir a esta heladera voladora?” jajaja!
Es por eso que no puedo creer los paisajes que a veces veo y cuando tengo la máquina de fotos a mano, click!
A lo que iba, y lo cual es el motivo principal de esta nota, es al comentario que hizo una persona cuando vio la foto.
Dijo “guaaaaaaaauuuu… buena foto! has tenido suerte, qué buen día te tocó!”.
Ante tamaña sorpresa, traté de explicarle que arriba de las nubes no hay días feos. Arriba de las nubes no llueve ni se nubla.
Su respuesta fue “a mí no me gusta volar cuando llueve…” sin dejar de mirar la foto.
Qué suerte que tuve. Qué buen día me tocó!

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