Archive for January, 2009
Convivencia de oficina
Hace ya casi 4 meses que convivo con mi novia y obviamente, hay cosas que no son simples. El compartir una cocina, un cuarto, placards, una mesa, ¡un baño! (por suerte tenemos dos, pero uno lo usamos de baulera y la baulera la tenemos vacía, ya lo hablaré con algún profesional) no es fácil.
Tampoco es tan grave como la gente lo hace parecer, para mí son más las risas que las discusiones, al menos por ahora. Hay una variable importantísima en esta ecuación: yo elegí vivir con ella. Este punto es fundamental. Uno elige amigos, pero no vecinos, por ejemplo. Hoy por la mañana me encontré con un cartel cuando salí del ascensor que decía más o menos así
“Ayer dejé un colchón secando en la terraza y cuando lo fui a buscar ya no estaba. El que se lo llevó que se lo quede, pero qué feo dormir en un colchón robado y que feo que esto pase entre vecinos”
Es una lástima no poder elegir quién vive en el edificio de uno, no? Y mucho peor es no poder elegir con quién comparte la oficina! Uno pasa más tiempo en la oficina que en su casa, y tiene que pasar mucho tiempo desarrollando un instinto asesino.
La convivencia no es más que saber respetar.
No hay día que, por ejemplo, no escuche varias veces celulares sonando con ringtones horribles a todo volumen, sobre todo cuando el dueño del teléfono no está! Por favor, el teléfono celular debe acompañar a su dueño a todos lados.
No me digan que nunca les pasó de dejar algo en alguna heladera y que no esté cuando lo van a buscar. Y es entendible que uno se enoje y piense clavarle en el corazón la lata de Coca light al culpable.
También está la gente que grita como si estuvieran perdidos en el Sahara. Los que hablan tan bajito que no se les entiende. Los que no saludan. Los que saludan cada vez que pasan. Los que se hacen que no entienden. Los que realmente no entienden. Los que no quieren entender. Los que piden que entendamos cosas que son imposibles. Las chicas que en verano viven pidiendo apagar el aire acondicionado en lugar de abrigarse. Los que hablan todo el día por teléfono.
Pero convivencia también es tolerancia. Y más allá de esa tolerancia y la falta de respeto que pueda llegar a mostrar cierta gente, también es una muestra de respeto agarrar a un compañero de oficina y pedirle de buena forma que modifique alguna de las actitudes que nos irritan. Y tratemos de trabajar de buen humor a pesar de todo. Buen 2009!
Amague deportivo
En el deporte no existe algo más lindo que el amague. Por ejemplo, en tenis, podría amagar a tirar a un paralelo y pegarle cruzado. En fútbol, amagar a tirar al arco y tirarla corta para pasar a un rival. O más común aún, amagar a ir por adentro y salir por la línea (perdón Dátolo!). En basket, mirar para un lado y hacer un pase a otro. Son esas cosas que hacen que uno disfrute de haber pagado la entrada o la televisión codificada, jaja. Pero… alguien me puede decir quién es este jugadorazo que hizo semejante amague en el gráfico que acompaña el post? Seguro Juan Pablo, gran fanático de la NFL (si es que es un partido de esa liga) podrá tener alguna idea al respecto.
Buenos Aires, Argentina
No da la sensación de estar agitada, ni de que tenga miles de colectivos haciendo ruido, ni gente caminando como queriendo encontrar la boca del hormiguero. Esta foto hace que Buenos Aires parezca pura paz.
Adriana Swain, nacida en Estados Unidos con sangre argentina, pareció no dudar y sacó otra más de sus geniales fotos en su última visita a la tierra de la carne, el mate y el dulce de leche.
Y es verdad que Buenos Aires siempre es más linda de lejos. Argentina también mejora de lejos. Es esa extraña relación amor-odio que tenemos los argentinos con lo nuestro. Esta foto me mostró eso. Lo que sentí en 2005, después de haber estado trabajando en Puerto Rico por algunos meses. La distancia hace que uno vuelva y aprecie detalles que nunca quiso ver.
No conozco encuestas al respecto, pero los argentinos debemos ser los que más puteamos (sí, no hay otra palabra que aplique) a su país y a su vez, somos los que más lo extrañamos cuando no lo tenemos cerca.
Hay un dicho dando vueltas por ahí que dice que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos. Sí, somos una mezcla infernal. Y es esa mezcla la que hace que nos odiemos y nos amemos al mismo tiempo. Ese orgullo que tenemos todos de llevar el celeste y blanco. Me gusta ser argentino.
Gracias Adri por recordármelo con tu foto. Fue un placer tenerte por acá. Saludos por allá arriba.