Archive for January, 2009
Amarra a la abuelita!
Desde que llegué a Panamá hace menos de una semana, no paro de revivir anécdotas del año pasado. Hubo miles, pero como esta, ninguna. Fue el viaje en taxi más raro de toda mi vida. Recién llegados a la ciudad de Panamá, Fernando y yo nos alojamos unos días en un apartamento en San Francisco. Y esa mañana, un taxi nos ofreció llevarnos (sí, en Panamá es al revés) y subimos. El auto estaba en mal estado, pero lo bueno era que habíamos podido conseguir taxi bastante rápido.
Hicimos dos cuadras y nos quedamos atrapados en un tranque, en una calle de doble mano y en curva. Poco pareció importarle al taxista, quien se mandó contramano sin dejar de tocar bocina mientras murmuraba cosas imposibles de reproducir. Fer me miró con cara de “ahora sí que nos vamos a matar!”, mientras salimos a una avenida, sobre la cual debíamos tomar a la izquierda. El tránsito también estaba frenado, pero el taxista, sin dudarlo, avanzó y quedó atravesado en la mano contraria esperando que se haga lugar para ingresar al carril. Un camión venía de frente sobre la izquierda (yo estaba sentado a la derecha, gracias a Dios) y frenó pegado a la ventana de Fernando y no paraba de tocar bocina. “Deja de pitar, jo’puta!” le gritaba el taxista al conductor del camión, mientras yo no paraba de transpirar, ya que la falta de aire y el calor de Panamá no son compatibles. Fer todavía estaba blanco agradeciendo no terminar pegado al radiador del camión.
En unos segundos que parecieron horas, ya habíamos ingresado al carril que nos correspondía mientras en taxista seguía gritando “no hay respeto por nadie aquí!” y de repente cruzó otra vez a la mano contraria para ir a una estación de servicio mientras nos decía “hermano, cargo unos dolaritos de gasolina y seguimos!”.
Fer y yo no hablábamos. Pasaban muchas cosas que no podíamos procesar.
La estación de servicio tenía un pequeño declive y cuando el taxista bajó el auto se empezó a mover. Por suerte se dio cuenta rápido y puso el freno de mano, que no sirvió de mucho, por lo que se tuvo que quedar contra la puerta, teniendo el auto para que se quede quieto, un pie afuera y uno adentro al grito de “Mussshaashooo, me cargas cuatro dolaritos???”. Fer habló por primera vez y me dijo “este pibe está limado”.
Ya estábamos nuevamente en la avenida y en una esquina un señor llama al taxi y frenamos. Se sube una viejita en el asiento delantero… de ¡nuestro taxi!. Sí señor, en Panamá los taxis se comparten. Pero qué bueno hubiera sido saberlo antes.
La abuelita tardó una eternidad en subirse al taxi, con la ayuda del señor. “Va para la transísmica, al seguro social”, fue la orden del señor al taxista. La abuelita debía medir poco más de 1,40m. y al terminar de acomodarse, el señor le dice al taxista “amarra a la abuelita, amárrala!”, jajajaja! El detalle de la altura fue para que se imaginen que el cinturón de seguridad le cruzaba la cara en lugar del pecho. No terminó de arrancar el auto, que la abuelita se sacó el cinturón y se lo puso por detrás de la cabeza.
Depués frenamos en un semáforo, cuando un joven que estaba parado en la esquina, le preguntó “va por la Balboa?”. “sí, voy para allá”, le contestó el taxista, y se dio vuelta para mirarme. Lo miré haciéndole un gesto como diciendo “dónde querés que me meta?”. Además, yo ya estaba pensando en tirar esa camisa que me había puesto, creía que estaba arruinada por completo. Dios se apiadó de nosotros y no subió nadie más al taxi hasta que nos bajamos a tres cuadras de donde íbamos porque el taxista no sabía llegar.
Luego de un par de minutos recuperamos el color, dejamos de transpirar y empezamos a disfrutar de Panamá como corresponde. Ayala vida!!!
Hidratacion light
¿Cómo llegué a ser tomador de Coca Light? Es una pregunta que me han hecho muuuchas veces cuando comparto almuerzo o comida con alguien. Ahora no tanto, porque hay varios que se han sumado a la secta. Todo comenzó hace unos 25 años, y lo escribo a pedido del público que escuchó esta historia, a modo de justificativo viril, una y otra vez. Para su mejor comprensión en la línea de tiempo, lo voy a dividir en etapas (¿cuánto va a durar ese efecto Rally Paris Dakar de que cada vez que alguien dice la palabra “etapa” me imagino un flaco andando en moto en el desierto?)
Soda (etapa 0). ¿Por qué etapa cero y no uno? Porque digamos que no tengo muchos recuerdos de esta época de mi vida, pero mi padre tomaba soda, y estaba bueno comer y cada tanto afanarle un vaso. Además, me sentía grande y estaba feliz de tomar con globitos como mi viejo! Ésta, aparentemente, fue una buena etapa.
Gini (etapa 1). Sí, tomaba Gini. Seguramente ustedes también la tomaron y no lo cuentan, eh? Y lo peor es que sólo podía tomar dos vasos por comida. Era una época en la que la Coca estaba carísima y era para cumpleaños, Navidad y Año Nuevo. Exclusivamente. Pero volvamos a la Gini. Sólo dos vasos por comida. “Sacate la sed con agua”, me decía mi madre, a modo de profesional economista ahorrador. Me quedó marcado a fuego, y empecé a valorarlo un montón, aunque me daba algo de bronca en el momento. De todas formas, la Gini no me gustaba. Pero me costaba comer con agua, necesitaba que algo me saque el gusto a comida, aunque sea ese dejo de limón artificial y pegote que tenía la Gini. Creo que es la primera vez que cuento en público que tomé Gini, quizás ya lo esté superando y pueda no hablar de esto, si algún día voy al psicólogo. Dejamos de comprar Gini en casa cuando descubrimos que a veces venía con cosas flotando adentro.
Coca (etapa 2). Dios escuchó mis plegarias. Ahora iba a tomar lo mismo que mi vecino de enfrente, sí, ese turro que tenía el barco pirata de PlayMobil. Ese que tenía el autito a control remoto, pero era chiquito, mucho más chiquito que el casi tamaño natural que me hice de ladrillos cuando mi viejo armó la parrilla. El paraíso había llegado a mi vida. Sólo dos vasos, pero de Coca… era capaz de tomar 3 litros de agua en la comida y dejar los dos vasos de Coca para el postre. Yo debía estar en 5to o 6to grado y ya empezaba a aprovechar esos dos vasos como si fueran oro en polvo. “Juan, no te sirvas tanto que vas a volcar!”, cuando me servía más que el borde (si prueban, fíjense que van a poder servir más líquido del que entra en un vaso, después tenés que hacer sopapa tipo oso-hormiguero, pero sirve, uno gana aproximadamente 5 o 10 cc por vaso, jaja!). Mi hermana, no valoraba esto porque desde que tuvo razón de ser, comía tomando Coca. Yo nací sin auto, ella con. Yo nací sin tele, ella con tele color! No sabía hablar y jugaba con la Atari, y yo antes con una rampa de madera para mis Matchbox. Qué injusticia! No me acuerdo, pero seguro que su cochecito era una Ferrari comparado con el mío (esto también creo que lo superé y ahora la adoro a la pendex).

Cuando salió la Coca light y mi madre y mi hermana se hicieron adictas. Yo seguí con Coca normal, hasta que la botella de un litro y medio, al tercer día de abierta ya no tenía gas y era un asco. Era raro que coma todos los días en mi casa, por lo que le dije a mi madre que no compre más coca normal, que no valía la pena si era para mí solo. Me sentí útil.
Agua (etapa 3). “Pufff… ¿alguien probó la Coca light? es horrible, te deja un gusto a edulcorante pegote cuando terminás el trago, horrible, imposible que esto funcione…”. Soy todo un visionario, eh? Pero bueno, tanto me insistieron con la onda light, con cuidarse y yo que todavía no estaba de novio, dije “sí, vamos a cuidarnos!”. Tomemos agua! Ojo, no cualquier agua, porque no me gustan las muy saladas, prefiero Eco de los Andes. Y haciéndome el sano, no duré ni dos semanas. Vamos a tomar jugo, eso debe ser lo mío!
Clight (etapa 4). Estaba feliz contándole a todo el mundo que tomaba jugo. “Sí, el Clight de pera es lo más! probá el de Kiwi y Melón…”. Muy rico, realmente. Después de un mes no los aguantaba más y aprendí que para mí, el jugo es cada tanto. Además, no me pega con muchas comidas. Asado con Clight de pera? Sí, lo he hecho. Pero bueno, ahí empecé a tomar vasos de Coca light cada vez más seguido y el gusto a pegote era como ese dolor de una llaga en la lengua, que aunque joda, el espíritu masoquista te pide más y más. Y me terminé acostumbrando.
Coca light (etapa 5 y actual). Qué rica es la Coca light. A veces pruebo la Coca normal y se me quedan todos los dientes pegados “criunch criunch”. Pasame un cepillo de dientes que me muero! ojo, me saco la sed con agua o con licuados de fruta y como tomando Coca light. Y la Coca light está aumentando muchísimo. Sí, creo que prefiero no cambiar el auto y seguir tomando Coca light.
Bajada de línea
Saber comunicar y que el mensaje sea interpretado como uno pretende es una de las cosas más difíciles que enfrenta un líder. Es una de las primeras trabas para efectuar un coaching eficiente y delegar tareas, sobre todo cuando el tiempo es vital en el cumplimiento de los objetivos. Pasa en todos los ámbitos y todo el tiempo, siempre hay un amigo que llega tarde a una reunión y dice “ahhh! me pareció raro, pero entendí que era después de comer!”. Aquí les dejo una historia simpática sobre el famoso teléfono descompuesto que puede producirse en una oficina, que no es de mi autoría y que anda dando vueltas por internet desde hace unos años.
De: Director General
A: Gerente
“Por favor, comuníquenle al personal que el próximo viernes, aproximádamente a las 17 horas, el cometa Halley pasará por esta región. Se trata de un evento que ocurre una vez cada 78 años. Siendo así, por favor, reúna a los funcionarios en el patio de la fábrica donde les explicaré este fenomeno. Todos deben usar casco de seguridad. Si llegara a llover, no podremos ver el raro espectáculo a ojo desnudo, por eso, todos deberan dirigirse al comedor, donde se exhibirá un video documental sobre el cometa Halley.”
De: Gerente
A: Supervisor
“Por orden del Director General, el viernes a las 17 horas, el cometa Halley va a aparecer sobre la fábrica. Si llegara a llover, por favor, reúna a los funcionarios, todos con casco de seguridad, para proteger los ojos desnudos y diríjalos al comedor, donde el raro fenómeno científico tendrá lugar, lo que sucede cada 78 años.”
De: Supervisor
A: Jefe de Produccion
“Por invitacion de nuestro Director General, presenciaremos al cientifico Halley, de 78 años, que va a aparecer desnudo en el comedor de la fabrica, usando casco; tambien se va a presentar un video sobre el problema de la lluvia en la seguridad. El director llevará la demostracion al patio de la fabrica.”
De: Jefe de Producción
A: Capataz
“El viernes, a las 17 horas, el Director, por primera vez en 78 años, va a aparecer desnudo en el comedor de la fabrica, para filmar a Halley, el famoso científico y su equipo. Todos deben presentarse con casco, pues se va a presentar un show sobre la seguridad en la lluvia. El Director llevará la banda para el patio de la fábrica.”
De: Capataz
A: Funcionario
“Todos desnudos, sin excepcion, deben presentarse al personal de seguridad en el patio de la fabrica el proximo viernes, a las 17 horas, pues el jefe y el Sr. Halley, famoso guitarrista y su banda, estaran ahi para mostrar el raro film “Bailando bajo la lluvia”. Si empezara a llover, nos vamos al comedor, usando casco. El show sera ahi y ocurre una vez cada 78 años.”
COMUNICADO:
“El viernes a las 17 horas el Director va a festejar sus 78 años y va a dar una festichola en el comedor, donde se va a presentar Bill Halley y sus Cometas. Todos deben estar desnudos y de casco, porque la banda es muy loca y la música se va a escuchar hasta el patio aunque llueva a cántaros.”
Sí, esto podría haberse evitado si el Director escribía el comunicado directamente, no? jeje!
Configurando facebook
¿Cómo se configura facebook? ¿se configura facebook? En los últimos meses escuché a mucha gente quejándose sobre facebook. Siempre explico lo mismo y la mayoría de los problemas que tienen los usuarios registrados en la exitosa red social tienen que ver con falencias en la configuración.
“No pongo fotos porque no quiero que todos los que tengo como amigos las vean”, “No escribo comentarios en las fotos porque no quiero que la gente lo lea”, “no cambio mi estado civil para que nadie se entere” y “Todo se publica!” son algunos de los ejemplos que seguramente habrán escuchado de usuarios de facebook.
Seguramente, ninguno de los autores de esas frases dedicó algunos minutos a configurar su cuenta de facebook.
Hay dos páginas de configuración básicas donde se pueden realizar muchos de estos ajustes.
Primero, echemos un vistazo a la página de Privacidad (hagan click para ver un ejemplo), a la que pueden acceder haciendo click en Configuración, arriba a la derecha en el sitio (“Settings” en inglés). Desde allí, podrán elegir cuáles acciones (comentarios, cambios en tus datos, tu ingreso a algún grupo, etc.) podrán ser vistas por tus amigos. Incluso desde allí pueden elegir que en tu perfil no se vea la hora en la que realizaste esas acciones.
Por otro lado, tenemos la página de Editar información de un álbum de fotos en particular. Desde allí, podrán elegir qué amigos tendrán acceso a ese álbum, o si prefieren, podrán elegir qué amigos NO tendrán acceso. Prueben con algún amigo y jueguen con estas configuraciones para ganar confianza con la red.
Como herramienta y como red social, Facebook es increíble y aún tiene un potencial increíble. El resto de las redes sociales y aplicaciones de este estilo tienen configuraciones similares. Investiguen!
Y por último, no publiquen ni carguen en su perfil información que no necesiten poner.
Espero que les sirva! Saludos
Un poquito de cloro
No sé de dónde habrá salido ese famoso dicho de “mejor que sobre y no que falte”, pero no siempre es verdad. Y yo soy una persona que piensa de esa forma por default!
Mis padres estuvieron de vacaciones hasta ayer y mi hermana estaba sola en su casa, cuando le surgió la posibilidad de ir a Pinamar unos días. Se fue a la mañana temprano y cuando me llamó para confirmar que había llegado y estaba todo en orden, me dijo “me olvidé de poner cloro en la pileta, por favor, pasá por casa uno de estos días y poné 3 medidas de cloro”. Pasé el domingo a la tarde y cuando fui a poner cloro, vi que la medida era una cuchara diminuta. Es una pileta chica, pero tampoco para tanto!
Para asegurarme, puse 4 cucharaditas y me fui conforme con la tarea realizada. Cuando mi hermana volvió, fui con mi novia a comer a su casa y en la conversación salió el tema. “Ahh, le pusiste cloro a la pileta?”. “Sí, obvio, pero es diminuta la cuchara, le puse una medida más”, y no terminé de decir la frase que mi hermana se descostilló de la carcajada.
Me contestó “jajaja! cuando se fue, mamá me dijo que le ponga dos! y me pareció poco y le puse tres! jajaja!”. La conclusión es que por más que nos ocupamos, se pudrió… y no sé por qué!